Cuando el dolor se vuelve argumento para el bien

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Con la participación de Rigoberta Menchú, Jody Williams y la iraní Shirin Ebadi se abrió el panel de Paz, Diversidad e Inclusión de la Cumbre de los Nobel. Fue la oportunidad para que laureados y activistas contaran los motivos que los llevaron a defender los derechos humanos.

 

Ebadi, quien vivió en carne propia la persistente violación de los derechos de la mujer, a manos de los radicales musulmanes, narró cómo se convirtió en una importante líder social hace más de 30 años.

 

“En 1979, los fanáticos religiosos se tomaron Irán. Desde entonces, la mujer perdió todas sus libertades, al punto de que si mostraba el cabello, como lo hago hoy, serían enviadas a prisión y azotadas 88 veces, según una interpretación de la ley religiosa”, contó.

 

Y agregó, “no me podía quedar con lo brazos cruzados. Yo era abogada, así que estudié el islam, y me di cuenta de que la interpretación de los fanáticos era la equivocada. Luego escribí libros en todos los idiomas, estudié y defendí a las mujeres; hoy lo sigo haciendo, y seguiré”.

 

A estas palabras, que recibieron los aplausos de más de 400 espectadores, se sumó la guatemalteca Rigoberta Menchú, quien definió la muerte de su padre, Vicente, como el punto de partida en su defensa de los indígenas.

 

“Este 2017 cumplo 25 años como nobel de Paz, y todavía tengo presente que no estoy aquí por ser una víctima, sino porque cuando quemaron vivo a mi padre trataron de mentirme, de decirme que él se había incinerado con otras 36 personas. Yo quería la verdad, la verdad legítima, a la que tenemos derecho. Y trabajé por ella hasta convertirme en una científica social”, recordó Menchú.

 

Por otra parte, la laureada en 1997, Jody Williams, en vez de relatar su experiencia en la Campaña de Desminado Mundial, hizo un llamado para que los jóvenes no se quedaran de brazos cruzados ante la injusticia.

 

“Es fácil concentrarnos en la segregación que se vive hoy en Estados Unidos, todos los medios apuntan hacia allí, pero qué pasa en el interior de Colombia. ¡Jóvenes de este país, los invito a involucrarse con el activismo, con el feminismo, ahí es cuando empieza la lucha por la igualdad!”, dijo Williams.

 

Con todo esto, la cuota de oradores colombianos no faltó, y Catalina Escobar, de la Fundación Juan Felipe Sandoval, dedicada a los niños de bajos recursos, relató su experiencia. “Quise luchar por la infancia porque perdí a mi hijo de un año en un accidente, pero al mismo tiempo vi morir en Cartagena a un niño, por desnutrición. Dejé los negocios y abracé la idea de conseguir un país sin hambre. No hay que esperar que mueran para ayudar a quienes lo necesitan”, invitó Escobar.

 

Asimismo, Jineth Bedoya, periodista de EL TIEMPO, activista por los derechos de la mujer, invitó a los colombianos a mantener un discurso de igualdad. “Hoy tenemos la oportunidad de mostrar lo más hermoso de Colombia, nuestra esperanza”.